Texto 8. Crisis

Llega un punto en la vida en la que tantos jalones en tantas direcciones crean un estado infinito de crisis. Estar bien significa que todo es un gran remolino en el cual me he acostumbrado a estar. Quiero arreglar algo. Ordeno los cajones, traigo tres o cuatro bolsas de basura: "vender, donar, regalar a X, tirar". Siempre hago lo mismo. Ya es un ritual. Y los domingos con mi amiga al bazar. No resuelve nada pero doscientos pesos o cuatrocientos alivianan el finde. 

Ahora Jacqui no está. 

Las cosas cambian radicales y violentas como siempre y sin embargo, todo sigue igual. Ya no distingo entre constantes y variables.

Jacqui sólo se mudó pero Ekko sí murió y al final las constantes me sostienen como hilos finos, frágiles y si se rompen ya no sé en qué dirección voy.

Unas cosas por otras. Vino una amiga de lejos, pero su presencia no puede ser más fugaz. Un par de semanas y ya, y si la veo mañana, siento el vacío anticipado de otra pérdida.

No importa si estamos a un reel de distancia. 

Ella tiene bebés. Los míos ya crecieron. Estoy hablando de Tania, la que vive en Suiza. Mi corazón se alegra de saber que está mejor allá que si se hubiera quedado. 

Quisiera yo irme también. Empezar de cero. Pero mi ansiedad me hizo querer tener todo ya, tener tanto. Ahora tengo demasiado y me encuentro en cierta desesperación pues siento que no puedo con nada.

Me aferro a conceptos y a engaños en el marco de las fechas y las festividades. 

Mi cumpleaños no salió como pensaba pero vienen dos cumpleaños, menos mal, donde podré ocupar algunas cosas que acumulé un par de semanas antes de decidir cancelar por completo la fiesta que planeaba.

Pero no me puedo quejar pues tuve de regalo muchos besos y abrazos. Y un viaje. Y ahora la noticia de que a mi familia le falta un miembro.

Era sólo un gato. Y no importa si intento hablar de otras cosas. Mi pensamiento vuelve siempre a él y quiero recostarme en la tierra donde lo enterramos y dejar que me consuma un día a la vez.

Este texto no es mórbido, sólo es donde espero por un momento dejar que salga sin ser juzgada, sin que me digan "piensa en tus hijos". 

La impotencia de perder a Ekko no se compara con nada, pero no es porque se me murió un gatito, sino por las otras personas. Mínimo cinco.

Simplemente estoy preocupada, impotente, consternada. Y vivo en la paradoja de no poder cuidarme más y temblar de pensar en qué va a pasar cuando falte, cuando no despierte o no llegue a casa.

Sólo los miro. A mi hija, a mi esposo, al otro gato. A mi mamá, a mi papá y a mi hermano que viene llegando de viaje. 

Soy sólo un hilo. Estoy temblando de miedo. Estoy en crisis. Me anudo y me tenso pero sobre todo soy parte del tejido. Es una carga y al mismo tiempo un propósito, o quizá sólo son miles de descargas en mi cerebro, información sin sentido. 

¿Es esto lo que es existir? No lo sé. Si soy universo, pienso. Si soy sólo un ser como un gato o un perro, siento. Pienso y siento. ¿Por eso existo?

Creo que despertaré un día y no estaré aquí o no despertaré y todo será oscuridad.

Como sea me despido. Lo siento, me he dejado llevar. Lamento que lean esta crisis, es que tengo miedo de lo que pueda salir mal.

Foto de Ekko. Descansa chiquito. Eras tan especial.

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